Historia de Los Cabezudos

Los Cabezudos y Gigantes, personajes enraizados en la tradición festiva popular que se han salvado de una casi generalizada desaparición de las costumbres y prácticas antañonas, de las que va quedando muy poca cosa.

Danzantes en la procesión del Corpus; prohibidas sus cabriolas por Carlos III; protagonistas siempre de la integración infantil en fiestas y celebraciones, los gigantes y Cabezudos son una leyenda viva que parece poseer el secreto de la eterna juventud.

Infatigables, generación tras generación los gigantes y Cabezudos continúan persiguiendo – encorriendo en Aragón – a los chavales que, no menos tenaces, les dirigen los mismos insultos y picardías que sus tatarabuelos.

LOS CABEZUDOS

Los integrantes de la comparsa actual son once, que pasamos a presentar. Acompañan a las descripciones las tonadas propias de cada personaje, populares unas y propiciadas otras por los ediles con el fin de atenuar lo rufo y soez del habla callejera.

LA CIGARRERA

la-cigarreraSentada en la calle de los Mártires, vendiendo tabaco a quien se adentraba en el Tubo desde la Plaza de España, con un cigarro inacabable entre los labios. A Herminia Martínez se le conocía como Serafina por Serafín, su marido, era fuerte, valiente, con genio y de buen corazón. Tras 57 años vendiendo tabaco en la calle, murió el 19 de febrero de 2011. Dice su canción:

“La Cigarrera no fuma tabaco, son los pelillos de su sobaco”

EL AZUTERO

Rinde homenaje al folklore aragonés. Jotero y nacido en el Rabal, protegido por Don Jorge Jordana, entró a trabajar en el sindicato de riegos de la Acequia del Rabal, llegando a ser azutero, de ahí su mote.  De ideas republicanas, y en alguna ocasión terminando en la cárcel, llamado Pedro Nadal (conocido por El Royo del Rabal), se convirtió en el rey de la jota. Solía acudir a la Reja, una tienda-taberna, donde montaban grandes lifaras, él cantaba y personajes (como Pérez Galdós) o toreros acudían, siempre que pasaban por Zaragoza para poder oírle cantar.

Considerado como el más importante cantador de jota en su época cultivó las jotas Zaragozanas puras, las Fieras, las Rabaleras,  femateras y rondaderas o jotas de ronda.

“Azutero panzón deja de cantar jotas y reparte el zurrón”

EL MORICO

 Se trata con toda probabilidad del cabezudo más popular. Se dice que retrata al mozo de cuadra que se trajo de Cuba el conde dela Viñaza. De todos modos, en Zaragoza, como en otras ciudades, hubo cabezudo negro desde mucho tiempo atrás, siempre gozando del favor de la concurrencia por su carácter, a la par exótico y jocoso. Viste al modo tradicional de los jockeys o jinetes de las carreras de caballos, con la tradicional gorra visera. Dice su canción oficial:

“Aquí, aquí, Morico el Pilar, se come las sopas y se echa a bailar.”

“Al moro le gusta el vino, al moro le gusta el pan, al moro le gusta todo menos ir a trabajar.”

EL BERRUGÓN

Representa a un corregidor de la ciudad, predecesor de los actuales concejales. El nombre le viene de la excrecencia o verruga que le es propia. Usa casaca y sombrero de tres picos, a la moda del siglo XVIII. Según el dicho popular:

“Al Berrugón le picaron los mosquitos y se compro un sombrero de tres picos.”

EL TUERTO

Parece retratar a un tal Melendo, médico de profesión y célebre por su sombrero bicornio se le ha llamado el Napoleón. Para algunos rememoraba al rey intruso José Bonaparte, lo que le hacia víctima de las más crueles burlas. Esto le cantaban:

 “El tuerto, tuerto es. El tuerto, por melón, se cayo  un tozolón”

EL FORANO

Es un paleto que acude a las Fiestas del Pilar en ropa de domingo. Así, ha recibido también el apelativo de Baturro. En otro tiempo representó a un postillón de las antiguas líneas de diligencias, por lo que no extraña que a veces se le llame Cochero. Hay un par de canciones que retratan la actividad cotidiana de la pareja de Foranos:

“El Forano se ha ensuciado y la Forana lo ha limpiado con un trapo colorao.”

          “La Forana tira la mierda por la ventana. El Forano tira la mierda por el ventano”

LA FORANA

    En la actualidad es una baturra, oficialmente emparejada, desde 1916, con el Forano. Presumiblemente su origen esta en la desaparecida Teresa Panza del grupo creado por Oroz. Con los cambios de gusto su cara se fue modificando notablemente: su rústico semblante primigenio evolucionó hacia unas formas más finas y unos rasgos más delicados, en la medida de lo posible. Su canción la trata bastante mal:

  “Que no se diga, que no se note, que la Forana (Putica) lleva bigote. Un, dos, tres, puta es.”

EL TORERO

Representa un diestro del tiempo de Pepe Hillo, Martincho y Josef Cándido, vestido a la goyesca. Su incomprensible expresión y su fenomenal bicornio hacían de este cabezudo una de las figuras más logradas de la comparsa vieja. La arrogancia de su porte motivó esta graciosa copla:

“El Torero, como es tan chulo, salta la tapia y se rompe el culo (le dan por el c…).”

EL ROBACULEROS

En fecha temprana perdió su verdadera personalidad, la de Sancho Panza (que nada tiene que ver con la nueva figura que se sacó en 1947). También se le conoce por el Piruli o don Juan Piruli, por su pintoresco gorrillo de punta. Sus canciones no tienen textos muy elaborados:

“Al Piruli de la Habana, Piruli.”

 “Don Juan Piruli de la Habana, Piruli.”

                      “El Robaculeros no sabe correr y por eso da tantos traspies.”

EL BOTICARIO

Tres circunspectos zaragozanos se disputan el honor de haber sido retratados en esta cabeza: don Pedro Alonso Pérez, acaudalado ciudadano; Felix Bartolomé Guillén y Carabaotes, jurisconsulto nacido en 1818, amigo de Félix Oroz; y Tomás Bayod, el único farmacéutico de los tres, propietario del establecimiento sito a la entrada de la calle Alfonso. Su iracundo gesto, unido a sus furibundas cejas y amenazadoras patillas, lo convierten en unos de los cabezudos más temibles. Tiene dos canciones:

 “Boticario, canario, patas de alambre, le cayo una teja y no le hizo sangre.”

 “Boticario, canario, garras de alambre, tiene criada que la   mata de hambre”

LA PILARA

Representa a Pilar Lahuerta, cantante del famoso Salón Oasis de Zaragoza. Lleva diadema con plumas, como las vedettes del music-hall.

Cliente habitual en los comienzos de nuestro restaurante. La podíamos ver asiduamente en Los Cabezudos, degustando las tapas y saludando a los clientes.

Simbolismo y costumbre de la fiesta

La esencia del festejo de gigantes y Cabezudos, aparte las figuras, esta en la relacion –sutil dialéctica de insultos y trallazos- que se establece entre la muchedumbre infantil y sus perseguidores ante la circunspecta vigilancia de los gigantes.

Los críos  reunidos en multitud, citan a los cabezudos con mofas, apelativos injuriosos y escarnecedoras letras, llegando a veces a cometer acciones censurables, a lo que los cabezudos responden arremetiendo contra la masa y calentando el trasero de los mas torpes o menos corredores, mientras los más hábiles se refugian en portales y bocacalles.

Esta relación es la que ha mantenido hasta nuestros días  por encima de los cambios operados en los figurones, y ella se debe, sin duda, la propia supervivencia de la fiesta, basada en el particular regusto que ofrecen el riesgo –cuando no es grande- y la transgresión de las más elementales normas de urbanidad.

Nostalgia y vitalidad, ayer y hoy, reliquia y modernidad, se aúnan en los gigantes y Cabezudos, cuya identidad es consustancial con secretos impulsos infantiles que tienen más fuerza que las modas y el paso del tiempo.